La última semana volvió a dejar un mensaje que se viene repitiendo desde hace varios meses: el mercado ya no está pendiente únicamente de lo que haga la Reserva Federal, sino de cómo evolucionan la inflación, las ganancias corporativas y el enorme ciclo de inversión en inteligencia artificial.
La Reserva Federal decidió mantener sin cambios la tasa de interés. El nuevo presidente, Kevin Warsh, dio a entender que las condiciones financieras ya se endurecieron en forma significativa a través del propio mercado: las tasas largas permanecen elevadas, el costo del financiamiento aumentó y las condiciones crediticias son más restrictivas que hace algunos meses. En ese contexto, la Fed prefiere esperar nuevos datos antes de tomar una decisión adicional. El mensaje fue de prudencia: la inflación continúa por encima del objetivo y todavía no hay evidencia suficiente como para declarar la victoria, pero tampoco existe urgencia para volver a subir la tasa.
En paralelo, comenzó a aparecer un tema que merece mucha atención: la fuerte corrección de las compañías coreanas vinculadas a los chips de memoria, particularmente Samsung y SK Hynix. A pesar de presentar resultados sólidos, el mercado castigó a estos nombres porque empieza a preguntarse si el extraordinario ciclo de inversión en inteligencia artificial podrá sostenerse al ritmo actual. La preocupación no es tanto la demanda presente, sino cuánto tiempo más los hyperscalers podrán seguir incrementando el gasto de capital sin exigir retornos más visibles sobre esas inversiones.
Por ahora, sin embargo, esa preocupación no alcanza para cambiar la tendencia estructural de la IA. De hecho, los resultados de Microsoft y Amazon volvieron a demostrar que la demanda por infraestructura de nube sigue siendo extraordinariamente fuerte. Microsoft sorprendió con un crecimiento muy sólido de Azure y mantuvo un discurso muy optimista sobre la demanda futura, mientras que Amazon volvió a mostrar fortaleza tanto en AWS como en su negocio de comercio electrónico, reforzando la idea de que la inversión en centros de datos todavía encuentra una demanda muy robusta.
La otra cara de la moneda fueron Meta y Apple. En Meta, el mercado volvió a castigar el enorme nivel de inversión necesario para sostener su estrategia de inteligencia artificial, especialmente por el deterioro del flujo de caja libre. Los inversores siguen aceptando elevados niveles de CapEx, pero cada vez exigen más evidencia de que esas inversiones terminarán traduciéndose en mayores ganancias. En Apple, el foco continúa estando sobre la falta de una estrategia convincente en inteligencia artificial frente a competidores que avanzan mucho más rápido en ese terreno.
En los mercados de materias primas, el panorama continúa siendo interesante. El oro permanece relativamente indefinido luego del fuerte rally de los últimos meses, pero sigue encontrando una importante zona de soporte alrededor de los US$ 4.000 , nivel que por ahora los compradores parecen defender. Mientras tanto, el petróleo continúa mostrando una fortaleza llamativa. Aun cuando el conflicto en Medio Oriente parece haber perdido intensidad respecto de las semanas anteriores, el crudo sigue operando cerca de los US$ 85 por barril , reflejando que el mercado todavía incorpora una prima de riesgo geopolítico y mantiene dudas sobre la evolución futura de la oferta.
En Argentina, mientras tanto, el comportamiento de los activos financieros volvió a ser relativamente sólido. La bolsa logró sostenerse firme pese al contexto internacional más volátil y al aumento de las tasas largas en Estados Unidos. Esa resiliencia sugiere que los inversores continúan diferenciando la historia argentina del resto de los mercados emergentes y mantienen expectativas favorables sobre el proceso de estabilización macroeconómica.
En definitiva, la semana dejó un equilibrio interesante. Por un lado, la Fed continúa transmitiendo paciencia y evita apresurarse a endurecer aún más la política monetaria. Por otro, el mercado empieza a discriminar mucho más entre ganadores y perdedores dentro del universo de inteligencia artificial. La inversión en infraestructura continúa siendo enorme, pero los inversores ya no alcanzan con promesas: quieren empezar a ver retornos concretos. Esa probablemente sea la principal historia que dominará los mercados durante el resto del año.