Club de Inversores

La respuesta que nadie quiere escuchar

En el mundo de las inversiones hay una palabra que se repite mucho. Es esa que a muchos no les gusta, porque sienten que no les resuelve nada. La palabra es “depende”.

Antes de seguir, aclaro algo importante: cuando digo “depende”, no es que me quedo ahí. No es una forma elegante de esquivar la pregunta. Al contrario. Es el punto de partida para hacer el análisis en serio.

Después del “depende” viene el trabajo: observar la tendencia del activo, entender su negocio, sus perspectivas, mirar la valuación, analizar la relación riesgo/retorno, la volatilidad, el contexto macro, la competencia, los posibles escenarios, los catalizadores y, sobre todo, los riesgos.

Me pasa todo el tiempo en el Consultorio de Mercado (el programa de los martes para los miembros del Club), en el grupo de Telegram del Club y en mensajes privados. “¿Entro a tal activo ahora?”, “¿Sumo más mineras de plata luego de la caída reciente?”, “¿MELI es oportunidad a estos precios?”, “¿Compro bonos argentinos en estos niveles?”, “¿Sigue atractivo Brasil?”, “¿Tiene sentido sumar más uranio?”

La respuesta fácil sería “Sí/No + un breve comentario”. Queda lindo, suena seguro, parece que te doy certezas. Pero sería incompleto, porque no es una respuesta para dar así nomás.

Primero hay que entender qué riesgo estás dispuesto a tolerar, el tamaño de la posición, el plazo de inversión, el objetivo (renta, crecimiento, cobertura, etc) y cómo está formado el resto de tu cartera. Básicamente hay que entender cuál es tu plan y ver cómo ese activo engrana con eso.

¿Por qué hay que saber tantas cosas para responder bien? Porque la misma idea puede ser espectacular para uno y una pésima decisión para otro. No por el activo en sí, sino por cómo encaja en el plan de cada uno.

El mercado es exactamente eso: todos mirando el mismo gráfico, la misma noticia, el mismo dato, y aun así interpretándolo distinto. Y no es que uno “tiene razón” y el otro “no entiende”. A veces los dos entienden, pero están parados en lugares distintos. Uno quiere hacer un trade corto, el otro busca una inversión de largo plazo. Uno tiene espalda para aguantar volatilidad, el otro se estresa con un -1% diario y después termina tomando decisiones en caliente. Con esos dos perfiles, la respuesta no puede ser la misma. Depende!

Por eso el orden correcto es este: primero entender el contexto personal, después analizar el activo. Obviamente hay criterios objetivos. Hay cosas que tienen sentido y cosas que no. Si algo no ofrece una buena relación riesgo/retorno, si el escenario está mal, si la valuación es exigente, si el gráfico está en clara tendencia bajista y no hay señales positivas, listo: no me interesa.

Pero incluso cuando “tiene sentido”, falta parte de la decisión. Porque que una idea sea buena no significa que sea buena para vos. Y esa distinción es clave. Depende!

Te doy un ejemplo simple y muy cotidiano: el mundo pesos. “¿Qué bonos elegir?” Te puedo armar una respuesta técnica impecable. Que los CER cortos con vencimiento 2026 te pueden dar rendimientos reales interesantes (arriba de inflación) sin ser duración larga, y encima capturan inflación de estos meses que no va a ser baja (venimos de meses picantes). Que si vas a plazos más largos 2027/2028 te podés encontrar con rendimientos reales más altos, atractivos para quienes creen que la inflación va a seguir más caliente de lo que descuenta el mercado. Que si creés en una baja fuerte de tasas, la tasa fija puede darte una ganancia de capital linda. Todo eso está bien. Y aun así, la respuesta sigue arrancando con depende.

Depende! ¿Por qué? Porque primero depende de si vos querés estar en pesos. Si no querés, se terminó la conversación. Y está perfecto. En ese caso la lógica va por activos dolarizados

Otro ejemplo muy claro es lo que está pasando ahora con los metales. Oro y plata venían con una tendencia fuerte (rendimientos arriba del 200% y 100% en los últimos dos años), narrativa sólida, bancos centrales comprando, tensiones geopolíticas. Y de golpe, días de volatilidad fuerte, caídas violentas, liquidaciones en futuros, ajuste de posiciones apalancadas.

Ahí surgen preguntas: “¿Compro más metales ahora?”, “¿Se terminó, entonces tengo que vender todo?”. Y otra vez: depende!

Depende de cuánto tenés hoy en cartera. Depende de cuándo entraste. Depende de si venís con una posición que se triplicó en los últimos 12 meses o si ni la tenías en cartera. Depende de la volatilidad que tolerás en este contexto. Depende de si tu convicción de fondo sigue intacta (esto es algo más soft, pero no deja de ser sumamente importante).

Yo creo que la tesis sobre metales no cambió. Pero eso no significa que la gestión tenga que ser igual para todos. De hecho, tenía sentido que muchos rebalancearan. No porque el oro o la plata “estuvieran mal”, sino porque el peso en cartera ya era demasiado grande en algunos casos. Y la gestión del riesgo va antes que el análisis del activo.

El que había entrado con determinado monto y ahora tenía el triple, tal vez necesitaba vender una parte. No porque le haya dejado de gustar el activo o por tratar de adivinar el techo, sino por gestión del riesgo. En cambio, el que tenía una porción muy chica y convicción intacta, quizás decidió no tocar nada. Y hoy, ante la caída, hasta le parece razonable recargar más.

El activo es el mismo. El gráfico es el mismo. La información es la misma. Las decisiones no. ¿Por qué? Porque las carteras y las personas son distintas. Y la gestión del riesgo siempre es personal.

Por eso me vas a escuchar decir “depende” tantas veces. Pero nunca termina ahí. Después viene el análisis profundo: explicar lo que está pasando con el activo, su valuación, posibles escenarios, entre otros factores. No es para darte certezas, sino para que tomes decisiones informadas y coherentes con tu estrategia.

¿Y ahora qué hacemos con las inversiones? Depende! Todo depende!

Por: Blas Diaz Saubidet

Cargo: Head of Wealth

Correo: [email protected]

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