Los mercados financieros están viviendo semanas de volatilidad extrema. Hay tres factores que lo explican: la crisis del dólar, la inteligencia artificial y la transformación de la bolsa en un casino global. Entender cada uno de ellos es clave para navegar lo que viene.
Si hay algo que define al 2026 hasta ahora, es el pánico.
Pero no es un pánico cualquiera. No es el miedo clásico a una recesión o a una crisis financiera puntual. Es un pánico difuso, que se manifiesta de formas muy distintas según dónde mires: el oro volando, las criptomonedas desplomándose, la plata subiendo un 120% en un año para después caer más de 30% en una sola semana, acciones de software desintegrándose y mercados emergentes empezando a ganarle al S&P 500.
Parece contradictorio, pero no lo es. Todo esto se explica si entendemos tres grandes fuerzas que están moviendo a los mercados al mismo tiempo.
1) Estados Unidos, Trump y el futuro del dólar
Empecemos por lo más importante y estructural.
El problema del dólar no empezó con Trump. Viene de mucho antes. Estados Unidos tiene un déficit fiscal crónico que se financia con emisión de deuda, año tras año. La deuda pública ya supera los 36 billones de dólares. Los intereses de esa deuda se convirtieron en uno de los principales gastos del presupuesto federal. Y el déficit comercial también es estructuralmente negativo, lo que significa que Estados Unidos consume mucho más de lo que produce.
Todo esto pone en cuestión la sostenibilidad del sistema monetario actual, donde el dólar es la moneda de reserva mundial. No es que el dólar vaya a dejar de existir mañana, pero los inversores globales están empezando a diversificar. Los bancos centrales del mundo llevan años comprando oro a un ritmo récord. Los mercados emergentes están empezando a captar flujos de capital que antes iban automáticamente a Estados Unidos. El índice EEM/SPY (emergentes contra el S&P 500) viene mejorando de forma sostenida, lo mismo que el VEA/SPY (mercados desarrollados ex-USA contra el S&P).
Las políticas de Trump aceleran este proceso. Los aranceles generan incertidumbre comercial global. Las tensiones con aliados (Europa, Canadá, Corea del Sur), las amenazas a Irán, la captura del presidente de Venezuela y la presión sobre Groenlandia no ayudan. A esto sumemos la nominación de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal, que el mercado interpreta como una señal de que las tasas no van a bajar tan rápido como se esperaba.
Todo este cóctel está generando lo que podríamos llamar un panic buying hacia activos que no son dólares. Un “pánico hacia arriba” en el oro, que rompió los 5.000 dólares la onza y después corrigió fuerte. En la plata, que subió 120% en 2025 y llegó a tocar los 90 dólares antes de sufrir una caída histórica de casi 30% en un solo día la semana pasada. En los sectores defensivos como Consumer Staples (XLP), que vienen ganándole al mercado general. Y en la energía (XLE), que también muestra fortaleza relativa.
Para ilustrar estos puntos, en el gráfico de abajo podemos ver la evolución desde diciembre del Oro, ETF de Energía (XLE), ETF de Consumer Staples (XLP), Emergentes vs. S&P (EEM/SPY) y lo propio pero con Mercados Desarrollados (VEA/SPY):
Quienes venían con las carteras muy concentradas en bolsa de EEUU sin diversificación están sintiendo el costo de esa decisión.
2) La inteligencia artificial se está volviendo real
El segundo factor es la inteligencia artificial. Pero no como concepto futurista, sino como algo que está cambiando el presente, ahora mismo, mientras leemos esta nota.
Los avances de las últimas semanas son impresionantes. Google lanzó Project Genie, un modelo que permite generar mundos interactivos en 3D con solo escribir una descripción de texto. Básicamente, te permite crear videojuegos con un prompt. ¿El resultado? Las acciones de las principales empresas de videojuegos (Take-Two, Roblox, Unity, CD Projekt, Nintendo) cayeron tras el anuncio.
Hace pocos días se lanzó Moltbook, una especie de Reddit para agentes de inteligencia artificial. Una red social donde solo pueden participar agentes de IA (no personas). En menos de una semana, se registraron 1,5 millones de agentes. Crearon sus propias comunidades, debatieron sobre filosofía, formaron una religión digital y hasta intentaron hackear a otros agentes. Andrej Karpathy, ex investigador de OpenAI, lo describió como “una de las cosas más increíbles que he visto”. Elon Musk dijo que estamos viendo las primeras etapas de la singularidad.
Esto genera pánico en dos sentidos opuestos. Por un lado, las empresas tecnológicas están invirtiendo cifras astronómicas en capex para no quedarse atrás, y el mercado las castiga porque no está claro cuándo (ni si) esa inversión se va a traducir en ganancias concretas. Por otro lado, sectores enteros están empezando a tambalear ante la amenaza de ser reemplazados o transformados radicalmente por la IA.
El ETF de software (IGV) acumula una caída de casi 30% desde sus máximos de octubre y lleva ocho ruedas consecutivas en baja, la racha más larga desde 2021. Palantir, una de las favoritas de la revolución IA, cayó más de 15% solo en los últimos dos días.
Y acá viene algo interesante: las criptomonedas están mostrando una correlación altísima con las acciones de software. Bitcoin se desplomó por debajo de los 63.000 dólares esta semana, acumulando una caída de casi 50% desde su pico de octubre. Es la peor caída desde el colapso de FTX en 2022. Ethereum, Solana y XRP cayeron todavía más.
Aquí abajo vemos la correlación entre Bitcoin (azul) y las acciones de software (verde):
En el mundo cripto, además, hay un riesgo adicional que vale la pena mencionar: Strategy (ex MicroStrategy). La empresa tiene más de 713.000 bitcoins comprados a un precio promedio de 76.000 dólares. Con bitcoin cotizando debajo de ese precio, la posición está en rojo. Si bitcoin sigue cayendo y Strategy se viera forzada a vender parte de (o todas) sus tenencias, podría generar un efecto cascada que haría palidecer al colapso de FTX. Es un mercado todavía poco regulado y altamente apalancado, donde cualquier evento de liquidación puede multiplicar los movimientos de forma violenta.
La IA se movió de ser una promesa de “lo que va a ser” a algo real que está cambiando el presente. Y como todo cambio profundo, genera ganadores y perdedores. Quiénes serán, todavía no está claro. Pero el mercado siempre intenta anticiparse.
3) La bolsa: el casino más grande del mundo
El tercer factor es quizás el menos comentado pero el más peligroso en el corto plazo.
Desde 2020, con el boom de Robinhood y la irrupción masiva del público minorista, los mercados financieros vienen sufriendo un proceso que me gusta llamar “casinificación”. La bolsa se parece cada vez más a un casino. Y los datos son escalofriantes.
Las opciones 0DTE (que vencen el mismo día en que se compran, básicamente apuestas de cortísimo plazo) representaron el 59% del volumen total de opciones del S&P 500 en el último trimestre de 2025, un récord absoluto. En 2016 eran apenas el 5%. El volumen de opciones en general batió récords por sexto año consecutivo. El retail ya representa entre el 50% y el 60% de la operatoria de opciones 0DTE del S&P 500.
El volumen en ETFs apalancados también está en máximos. Y como si fuera poco, ya hay propuestas para crear ETFs apalancados 5x sobre acciones individuales como Nvidia, Tesla, Palantir y MicroStrategy. Sí, 5x. Imaginen la volatilidad de una acción como Tesla multiplicada por cinco, empaquetada en un producto que cualquier persona puede comprar desde su celular. La empresa Volatility Shares presentó la propuesta para 27 ETFs de este tipo ante la SEC.
Por si esto fuera poco, el Nasdaq presentó una solicitud formal ante la SEC para operar 23 horas al día, 5 días a la semana, a partir del segundo semestre de 2026. La infraestructura de compensación del DTCC ya tiene fecha prevista de implementación para junio de este año. NYSE y CBOE también están explorando modelos similares.
El resultado de todo esto es que cualquier activo es pasible de comportarse como una criptomoneda. Movimientos violentos, desconectados de los fundamentos, amplificados por el apalancamiento y por los algoritmos de trading que procesan millones de operaciones por segundo.
Lo que pasó con la plata la semana pasada es un ejemplo contundente: subió 120% en un año, para después caer casi 30% en un solo día, el peor desplome desde 1980. Esto no es normal. Y no es un caso aislado. Es el nuevo régimen.
¿Qué hacer con todo esto?
Si tuviera que resumir mi visión para 2026 en una sola idea, sería esta: diversificar.
Diversificar globalmente (no tener toda la cartera en un solo país o región). Diversificar por tipo de activo (acciones, bonos, commodities, cash). Diversificar por monedas. Y no tener demasiada exposición a ninguna inversión en particular.
2026 es un año para buscar una cartera equilibrada, no para buscar el home run.
Querer concentrar las inversiones para obtener retornos espectaculares parece bastante peligroso en un contexto donde tres fuerzas poderosas están generando niveles de incertidumbre que no veíamos hace mucho tiempo. El dólar y el rol de EEUU como centro mundial tiemblan, la IA está transformando industrias enteras a una velocidad que pocos anticipaban, y la estructura misma del mercado se parece cada vez más a una máquina tragamonedas.
En este escenario, la prudencia no es cobardía. Es inteligencia.
